
Los que me conocen, y los que me leeis aquí, sabeis que no soy religioso. Me pasó un poco como con los Reyes Magos… cuando eres pequeño no te planteas que te puedan estar contando algo que no es cierto. Llega un día en que dejas de creer, como algo natural, y no te vuelves a plantear el tema.
Quizá el entorno social y familiar haya ayudado a esto, pero no recuerdo ninguna “crisis de fé” en la que pasase de ser creyente infantil a escéptico adolescente. Fue una cosa bastante seamless y natural.
Pero siempre me he planteado una cosa. Según algunas estimaciones, solo el 14% de la población mundial se define como “no religiosa”. De este 14%, más o menos la mitad son “teistas” (los que creen en “algo”, pero no se identifican con ninguna religión”). De la parte que queda, habrá un porcentaje (que desconozco) que habrán sido religiosos convencidos (no infantiles) hasta que han dejado de serlo.
¿Cuál es el porcentaje de población mundial que simplemente nunca ha creido? No lo sé, pero no creo que pase del 5% o así. Si alguien tiene datos que me los envíe, que me interesan.
Siempre he pensado que este grupo de población (entre los que me cuento), son resultantes de algún tipo de anomalía. Incluso teniendo en cuenta las religiones institucionalizadas, y su mayor o menor influencia sobre la cultura, educación, costumbres, etc. está claro que un 95% de creyentes de algún tipo muestra una “necesidad biológica”. La idea es que el ser humano “cree” (en sentido amplio) porque el cerebro humano funciona de esa manera.
Ahora bien, ¿esto es producto de la adaptación, o es una propiedad emergente de la evolución de nuestras capacidades cognitivas?
Ya escribí hace un año acerca de la dopamina y el pensamiento mágico. La idea es que el “sistema” de detección de patrones del cerebro (el que nos permite saber si hay un tigre detrás de los arbustos a punto de comernos) puede tener “falsos positivos” y “falsos negativos”. Y esto es parte fundamental de su funcionamiento. La parte de procesado visual del cerebro, siendo la más desarrollada, seguramente tenga una influencia enorme en el resto de las “funciones mentales”. Lo cual nos llevaría inevitablemente a creer cosas que no son verdad, y a no creer cosas que son verdad.
Si te interesa el tema, te recomiendo leer a Michael Shermer, y a Pascal Boyer.
(Reflexiones inspiradas por Polymeme, mientras uno espera a que concluya una instalación de un cluster de base de datos)
